2005-Bathalapalli Hospital -Anantapur-INDIA

Vicente Ferrer


En septiembre de 2004 comía con Robert Benedito para que me explicase su experiencia en la Fundación Vicente Ferrer (en India). Antes de su viaje había acudido al quirófano de cirugía plástica de Sant Joan de Déu para refrescar la técnica de corrección de la fisura labial. Había tratado algunos casos, pero el resumen de la comida fue: “tienes que ir tú. Serás útil”. Ya no había vuelta atrás.

Trabajamos con Ethel Sequeira, responsable del área de salud de la Fundación Vicente Ferrer, el plan de viaje, el tipo de trabajo y la formación del cirujano local. Primer año, corrección de la fisura labial; segundo año, corrección de la fisura palatina. 

En agosto de 2005 volamos a Bangalore. Un largo y nocturno viaje en coche hasta la Fundación en Anantapur y al día siguiente nos instalamos en el hospital.

El primer día de consulta fue inolvidable. Nunca había visto a la vez tantos niños mayores con fisuras labiales bilaterales sin tratar. Visitar, ingresar, programar e intervenir. Robert sobre todo operaba secuelas de quemaduras y yo ayudaba al Dr. Sudir, nuestro 'alumno', a operar fisurados. 

Allí conocimos a Dolors Pelegrí, anestesista todoterreno, de corazón grande, que no solo cuidaba a los pacientes, sino que también nos cuidaba a nosotros. ¡Qué reconfortante era un té por la tarde cuando estábamos cansados! También Eulalia Tauler ejercía de pediatra en otro hospital de la Fundación. Intervenimos a 25 niños. El Dr Sudir tenía ganas de aprender. El día de mi partida operamos a un bebé con fisura labial a las seis de la mañana. Un coche nos esperaba a la salida del quirófano para un viaje de ocho horas hasta el aeropuerto.

Qué privilegio fue conocer a Vicente Ferrer. Qué gusto conversar en su casa, con un vaso de agua fresca con limón y azúcar que él había preparado. Charlas sobre nuestro trabajo en el hospital o cualquier tema de la vida cotidiana. Qué aprendizaje escucharlo en sus tertulias con voluntarios y españoles que viajaban para conocer la Fundación y a su niño apadrinado. Qué responsabilidad intervenirlo, Robert y yo, de una lesión cutánea en la nariz que extirpamos y cubrimos con un injerto libre de piel retroauricular. 

Antes de organizar el segundo viaje hablamos con Anne Ferrer, la mujer de Vicente. La fórmula de nuestra visita anual, más el manejo por el cirujano local, no eran suficientes. Con las aportaciones de los padrinos se podía pagar el tratamiento completo en un hospital cercano y por un especialista hindú. Nuestro 'alumno' haría el seguimiento. Así lo acordamos. Era lo mejor para los niños.

A nuestra pena por no volver, contrastaba el saber que los niños recibirían un buen tratamiento. Los fundamentos del equipo, personas y objetivos estaban claros. Buscaremos un nuevo destino.